jueves, 14 de mayo de 2009

Perder a un amigo

En memoria de Owen

Hace unos días, salí a cenar con mi amigo Fernando y sus primos. Ellos iban de luto porque acababan de asistir al funeral de un amigo suyo, que había fallecido la noche anterior en un accidente. Estaban consternados, porque justo el día anterior habían estado con él; de hecho, entendí que el accidente sucedió cuando él volvía en taxi a su casa después de una reunión con sus amigos.

Y pensé: “qué triste... perder a un amigo de forma tan repentina. Creer que al día siguiente vas a verlo y de repente enterarte de que nunca más lo verás. De que si se te había olvidado decirle algo, si le tenías una sorpresa para su cumpleaños, que si habían quedado en ir a tomar una cerveza un día de éstos… ya no va a suceder…”

Al día siguiente, me encontré a un cuate en el supermercado. Se veía extraño, como ido. Comenzaba a pensar que estaba crudo, cuando en eso me preguntó “oye, ¿tú conocías a Owen?”. No hizo falta que dijera más; en ese momento comprendí que el amigo de los primos de Fernando, era ni más ni menos que el “Perro”, un muchacho al que conocía desde hace muchos años y que si bien, nunca llegamos a convivir lo suficiente como para poder decir que éramos buenos amigos, lo estimaba mucho.

Era de esa gente que frecuenta el mismo grupo de amigos que tú y a quien te encuentras de vez en cuando en fiestas y reuniones. Siempre que lo veía, me saludaba con su enorme sonrisa y me preguntaba por una prima mía que vive en México D.F, de quien él se enamoró perdidamente unas vacaciones en que ella estaba de visita en Uruapan. No lo conocía mucho, pero me caía muy bien, y la noticia de su muerte me dolió bastante.

Algunos de mis amigos, que llevaban una relación más cercana con él, aún no asimilan que él ya no esté. “Todavía creo que voy a ir a la siguiente peda y él va a estar ahí, con su chela en la mano y de buen humor, como siempre” dijo, apesadumbrada, mi mejor amiga.

Además del dolor por la pérdida, todos los que conocíamos y estimábamos a Owen estamos pasando por una etapa del duelo que se agudiza cuando la persona que falleció es tan joven: la reflexión.

La muerte causa dolor y desesperación no sólo por haber perdido a la persona, sino porque es un fenómeno totalmente inevitable, irreversible e inexplicable. A fin de cuentas, independientemente de la fe o creencias de cada quien, nadie sabe con absoluta certeza qué ocurre cuando morimos. Por lo tanto, ese miedo a lo desconocido que el ser humano tiene tan arraigado en el inconsciente, nos lleva a hacernos cientos de preguntas, que van desde ¿hay un “más allá”? hasta un ¿y cuándo será mi turno?”. Cuando alguien que conoces muere a una edad tan temprana, y especialmente cuando es de forma tan inesperada, una terrible verdad te golpea: no podemos saber cuándo nos tocará a nosotros.

Los jóvenes solemos pensar en nuestra propia muerte como algo lejano, que ocurrirá dentro de mucho tiempo. Después de todo, tenemos toda la vida por delante, una vida llena de planes, de metas y de asuntos pendientes. Simplemente, hay que ponerse a pensar en cuántas cosas queremos hacer este verano que ya se acerca… ¿qué pasaría si alguien nos dijera que no vamos a vivir para llevarlas a cabo? No es un pensamiento agradable, lo sé, pero es una posibilidad completamente real.

La gastada frase “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” no es más que un sabio consejo que nos recuerda que nunca podemos estar seguros de que mañana estaremos aquí, por lo que hay que llevar siempre a cuestas la menor cantidad posible de asuntos pendientes.

Ir a tomar un café con ese amigo al que hace meses no te has dado el tiempo de ver, arreglar las cosas con ese hermano con quien discutiste, dar un paseo al atardecer de la mano de la persona que amas… sé que suena cursi, pero son cosas que uno suele dejar para después por tener asuntos “más urgentes” qué resolver.
Y el día en que nos damos cuenta de que ir a tomar ese café que tanto postergamos nunca más será posible porque nuestro amigo ya no está, desearíamos haber elegido más sabiamente y haber dejado esas cosas “más urgentes” para después.

jueves, 7 de mayo de 2009

Mis desórdenes mentales

Estoy a un paso del manicomio

Disorder Rating Information

Paranoid: Low
Schizoid: Low
Schizotypal: Moderate
Antisocial: High
Borderline: Low
Histrionic: High
Narcissistic: Very High
Avoidant: Low
Dependent: Moderate
Obsessive-Compulsive: Moderate

Ya lo había hecho hace un par de meses y mis resultados eran ligeramente menos preocupantes... será que desde que ando con Cron me he vuelto más loca? o.O

El test está en este link para quienes quieran hacerlo

http://www.4degreez.com/misc/personality_disorder_test.mv