miércoles, 29 de abril de 2009

Cambio de planes

Hace tiempo, yo solía ser de las personas que se dan
fácilmente por vencidas. Ante cualquier dificultad, prefería dar marcha atrás y
desistir en los proyectos que estuviera realizando. Me molestaba que las cosas
no salieran exactamente como yo las planeaba, y siempre quería estar en control
de todo en mi vida.
Sin embargo, por estas fechas, hace un año, conocí a una persona que influyó enormemente en que mi manera de percibir la vida cambiara por completo.
Dany Arreygue estaba estudiando el penúltimo año de arquitectura; acababa de iniciar un negocio de venta de paella y le estaba yendo bien. Incluso acababa de comprarse un coche con sus nuevas ganancias.
Tenía cientos de planes para el futuro, que lucía más que prometedor para un
muchacho inteligente, guapo y carismático.
Sin embargo, la vida de Dany dio un giro cuando, a causa de la diabetes que padece desde los ocho años, comenzó a sufrir de desprendimiento de retina. Se sometió a numerosas operaciones de láser, siempre con la promesa de que su visión iba a mejorar.
Por desgracia, los esfuerzos fueron en vano, y en el lapso de un año, Dany perdió la vista por completo.
Desde luego, todo su plan de vida se vino abajo. Obviamente, no le sería posible ejercer su carrera, ni realizar muchísimos de los objetivos que tenía trazados. Su vida diaria se transformó por completo; el simple hecho de salir a la calle solo se convirtió en un reto, tuvo que volver a aprender a leer, a escribir, a caminar guiándose por un bastón.
Pero la vida pone pruebas grandes a personas grandes, y Dany en lugar de tirarse a la depresión, de inmediato comenzó a luchar por adaptarse a su nueva condición: entró a la escuela para ciegos, se unió a grupos de personas con discapacidad, y decidió cambiar de carrera por una en la que no necesita la vista: psicología.
Actualmente, a sólo tres años de haber perdido la vista, lleva una vida plena: va a la escuela los fines de semana, tiene un trabajo, hace deporte y va solo a todas partes. Es una persona casi por completo independiente.
En lo personal, conocer su historia y convivir de cerca con este ejemplar muchacho de 25 años, me hizo darme cuenta de que muchas veces, las personas nos dejamos vencer por obstáculos mínimos, mientras que hay gente que se enfrenta con obstáculos que podrían parecer verdaderas tragedias, y salen adelante.
Algo que me enseñó la amistad de Dany fue que lo peor que una persona puede hacer es victimizarse a sí mismo. Cuando hay dificultades, no debemos tirarnos a la desgracia ni enfrascarnos en el reclamo a cualquier deidad o antideidad con la típica pregunta “¿por qué a mí?” lo que las personas grandes hacen ante las dificultades es preguntarse “¿qué puedo hacer al respecto?”.
Desde entonces, trato de seguir el ejemplo de Dany y luchar día a día por alcanzar mis metas, sin importar las dificultades que se me presenten. En todo caso, cuando los planes que teníamos trazados se vienen abajo por algún motivo, lo que debemos no es abandonar nuestros sueños, ni pensar que todo está perdido. Simplemente hay que hacer un reajuste y ver que un cambio de planes, si lo enfrentamos con valor, puede traer incluso resultados más satisfactorios de los que hubiera tenido el plan original.

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