viernes, 13 de febrero de 2009

Amor vs Libertad

A propósito del 14 de febrero, me he topado con numerosos artículos dirigidos a personas que no tienen pareja, en los que se intenta darles alguna especie de consuelo por pasar este día de San Valentín solos como ostras, mientras una oleada de cursilería azota al resto del mundo que está felizmente "emparejado". Tratan de venderte la idea de que es genial estar soltero porque puedes hacer un montón de cosas, ir a donde tú quieras, festejar a lo grande con tus amigos, ver la película que se te antoje en el cine y no estás obligado a regalar nada a nadie en esa fecha. Entonces viene a mi mente una pregunta: ¿la libertad y el amor están peleados? Al parecer, para muchas personas así es. Hace tiempo leí un libro buenísimo que se llama "Los límites del amor" de Walter Riso. En él dice que la cultura ha ponderado el amor de pareja como la forma máxima de autorrealización, que se nos ha vendido la idea de que el amor todo lo puede, que amar realmente a alguien implica renunciar a ti mismo, que cuando amas de verdad te vuelves uno con la otra persona, etc, etc, etc.
Bullshit!!! Precisamente por ese tipo de ideas hay tantos matrimonios infelices, tantas parejas que andan y terminan, vuelven a andar y vuelven a terminar... y por infelices que sean juntos, piensan que el verdadero amor no renuncia y que hay que luchar hasta el final por defender el "amor". El libro sostiene que es necesario buscar un equilibrio, procurar tener un amor digno, equitativo, donde exista igualdad entre las dos personas y se respeten sus derechos.
Se citaban numerosos ejemplos de relaciones enfermizas, donde había violencia, infidelidades, maltratos y otras vejaciones hacia los derechos humanos de alguno de los dos. Leerlo me sirvió a darme cuenta de que debía estar atenta a que el amor por otra persona nunca opacara mi amor por mí misma y que jamás debía permitir que alguien me faltara al respeto o me lastimara. Aunque por desgracia mucha gente aún no comprende esto, es algo hasta cierto punto obvio y cualquiera sabe que cuando tu pareja te maltrata, te pone el cuerno o es celoso en exceso, algo no anda bien ahí.
Sin embargo, muy pocos consideran señal de alarma la “mandilonería excesiva”. Cuando ambos están perdidamente enamorados y llega un momento en que toda su vida gira en torno a la otra persona, no quieren hacer nada más que estar juntos, cuando comienzan a abandonar a sus amigos y a planear todo su futuro en función al otro. En teoría no hay ningún problema, los dos sienten lo mismo, el amor es correspondido y ambos están dispuestos a dar la vida por el otro.
Es sumamente común cuando el amor es tan intenso olvidar que somos seres individuales e independientes; aquello que decía Timbiriche de “tú y yo somos uno mismo” es el error más garrafal que puede cometer una pareja. En el momento en que dejas de lado tu esencia para fundirte con la otra persona, es muy probable que también estés dejando de lado las cosas por las que esa persona se enamoró de ti, además de que llegará un momento en que tu felicidad estará por completo en manos de la otra persona, siendo que nuestra felicidad es algo que siempre debe estar en nuestras propias manos.
No tiene nada de malo estar perdidamente enamorado, al contrario, es el mejor sentimiento que pueda existir, y si es correspondido, ¡qué mejor! El amor es una fuerza que impulsa al ser humano, que lo inspira, que lo alienta. Debemos aprovechar ese ímpetu positivo y no permitir que se transforme en algo que obstaculice nuestra vida, sino por el contrario, que sea un elemento de paz, de crecimiento.
A veces es difícil mantener el equilibrio, porque cuando se está enamorado todo el tiempo del mundo parece poco para estar con esa persona, todo parece girar en torno a él o ella y la vida misma tiene sentido sólo porque esa persona existe. Pero este esquema de pensamiento se convierte en un verdadero problema cuando por alguna razón la relación termina, llevando a la gente a caer en depresiones abismales y verdaderas crisis de identidad, ya que al haberse mimetizado tanto con la otra persona, al haber planeado su futuro a su lado y abandonado amigos, gustos, intereses propios, llega un momento en que ya no sabe quién es sin su pareja.

Por eso es bueno, aunque se tenga pareja, dedicar un tiempo para uno mismo. No se necesita estar soltero para ir al cine a ver la película que uno quiera (a mucha gente le resulta deprimente la idea de ir al cine solo, pero es fantástico, sólo es cuestión de quitarse los prejuicios). Aunque se tenga pareja, es indispensable dedicar tiempo a los amigos, salir con ellos, no olvidarse de que ellos siempre han estado ahí para nosotros y seguirán estando aún si la relación termina. Uno no debe dejar de escuchar la música que le gusta, ni abandonar sus pasatiempos.
El amor y la libertad no están peleados, al contrario. Amar realmente a alguien implica amarse a sí mismo primero, buscar el bienestar propio y el de la otra persona, y para buscar su bienestar también es importante darle su espacio, entender que es un individuo independiente de nosotros, con amigos, intereses y actividades en donde no estamos incluidos nosotros. Eso no tiene por qué ser un conflicto, ni el hecho de que tu pareja no te convierta en el centro de su universo significa que no te ame. Por el contrario, como dijo Gabriel García Márquez “la mejor de las relaciones es aquella en la que el amor entre las dos personas es mayor que su necesidad de estar juntas”.
El verdadero amor, además de ternura, comunicación y respeto, debe contener también libertad.

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