Tal como apareció este domingo en mi columna En los cuernos de la Luna, del diario Cambio de Michoacán. Para leer la versión completa, entra al blog de www.myspace.com/lunedormante
Manifiesto Femenino
El sexo femenino siempre ha sido tema de debate. Hemos pasado por tantos roles y papeles a lo largo de la historia que se ha convertido en algo difícil definir qué es la mujer, o cuál es nuestro lugar. A mi generación le tocó una era en la que, en teoría, hemos alcanzado la igualdad. Después de varias generaciones de mujeres que lucharon por terminar con el papel de inferioridad en el que nos encontrábamos desde tiempos inmemoriales, ahora las mujeres podemos votar, ocupar cualquier puesto laboral y se ha roto con aquel designio bíblico de que el hombre sería nuestro dueño y deberíamos mostrar obediencia a él. Sin embargo, a nosotras nos corresponde una nueva lucha, que es lograr un equilibrio. El problema del feminismo ha sido querer que seamos hombres con pechos. Las feministas más encarnizadas muchas veces son también las que rebajan el género, pues en vez de exaltar su femineidad, la niegan y reprimen como si fuera un crimen. El feminismo es tan arcaico como el machismo, aunque sea mucho más reciente. No se trata de la pelea de primaria de los niños contra las niñas y de quiénes son mejores. Entendemos que para que el mundo avance se necesita de ambos y por ello en lugar de estar luchando, necesitamos aprender a complementarnos. La mujer moderna tiene que comenzar a entender que ser independiente y liberada no significa convertirse en una harpía adicta al trabajo cuya vida gira en torno a verse bien y comprar ropa de moda. Debemos estar preparadas para afrontar la vida laboral, desde luego. Pero no sólo porque ya no aplica eso de que el hombre es quien debe proveer, y ambos deben trabajar y aportar a la familia; sino porque el tener una carrera debe ser un medio de realización personal, una manera en que nos preparamos para tener un trabajo que disfrutemos y que nos haga sentir útiles y completas. El matrimonio no es la meta máxima y tampoco lo son los hijos; sólo son etapas de la vida, tan importantes como las demás. Si decido casarme es porque deseo tener un compañero, no un dueño. Si tengo hijos los cuidaré y amaré más que a nadie, pero seré consciente de que son individuos independientes de mí, algún día tendrán que hacer su vida y el haberlos traído al mundo no me convierte en su dueña. Las mujeres de las revistas no existen: son producto del maquillaje y el photoshop, por lo tanto no me interesa parecerme a ellas. La belleza de una mujer está en la seguridad que tenga en sí misma. No necesito que un hombre me diga que soy hermosa para creerlo. El ejercicio y una alimentación saludable no son sólo para estar delgadas, sino para sentirnos bien y estar sanas. Y la belleza sin inteligencia es como una caña sin anzuelo. Cargar las maletas, cambiar un foco o poner el garrafón de agua en el surtidor… podemos hacerlo, pero si algún caballero se ofrece a ayudarnos, se agradece, pues es lindo ver que aún hay hombres que les gusta sentir que necesitamos su auxilio para esas tareas “rudas”. Los caballeros son una especie en extinción, ayudemos a preservarlos. No utilizar el sexo como medio para obtener lo que queremos, ni en el trabajo ni en la vida cotidiana. Nunca callar lo que pensamos o sentimos; busco estar bien conmigo misma primero para poder estar bien con quienes me rodean. Libertad intelectual, financiera y emocional. La pareja es un complemento, no la razón de ser. Las mujeres debemos estar unidas y tratar de difundir entre nuestra generación y las futuras, una ideología a tendiente al equilibrio. Ser mujeres fuertes, guerreras, independientes, pero sin dejar de ser femeninas y exaltando siempre nuestra esencia. No hay sexo fuerte ni sexo débil, pero si hay sexo bello, definitivamente es el femenino. Aprendamos a defenderlo.
lunes, 9 de febrero de 2009
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