martes, 26 de enero de 2010

Sorpresas de madrugada (18 de enero)

- ¿Qué? Nos echamos uno antes de dormir – preguntó Hugo con un guiño
- Simón – Respondió Erick, sin hacerse del rogar

Subieron el volumen a la canción de los Cafres que estaban escuchando, tomaron el hitter y salieron al balcón. Llevaban seis meses viviendo solos en aquella casa que, gracias a la zona tan descuidada en que se encontraba, les rentaban sumamente barata, a pesar de ser bastante amplia y bien conservada.

- Shot la hamaca – exclamó Erick, corriendo a recostarse en ella
- ¡No mames! No sé para qué la compré si diario eres tú el que se la agandalla
- Nadie sabe para quién trabaja

Prendieron la pipa y se la fueron pasando uno al otro después de dar profundas bocanadas. La canción que escuchaban terminó y sólo se escuchaba el canto de los grillos y algún auto ocasional que pasaba por la avenida, a sólo un par de cuadras de la casa. Eran las tres de la madrugada.

Ambos se quedaron en silencio. Erick meciéndose lentamente en la hamaca, mirando las estrellas, mientras Hugo, sentado en una silla, jugaba con el encendedor con gran concentración.

A lo lejos, comenzó a escucharse un sonido rítmico, constante, que poco a poco fue aumentando de volumen hasta resonar por toda la calle desierta. Dos pares de tacones caminando por el pavimento.

Erick estiró el cuello para ver hacia la calle a través del barandal de la terraza. Distinguió dos mujeres vestidas de manera tan provocativa que ninguna mujer en su sano juicio se atrevería a andar por esos rumbos a esas horas, a menos que…

- Mira, wey, putillas – murmuró Erick a su primo

Hugo se asomó

- Han de ser bailarinas en el teibol que está aquí a la vuelta. Están chidas…

En efecto, ambas tenían buena figura. Una llevaba minifalda y tenía una larga y rubia cabellera. Era alta y con unos enormes senos. La otra era morena, sumamente delgada, incluso algo desabrida, pero llevaba un pantalón de vinil morado muy ajustado que dejaba mostrar un trasero firme y bien moldeado, llevaba el cabello lacio y no muy largo. Cuando pasaron justo debajo del balcón, la rubia comenzó a voltear a todos lados, como buscando algo

- ¡Ay mana, aquí huele a pura mota!

La otra aspiró profundamente

- De veras, oyes…

Ambas miraron hacia arriba al mismo tiempo y se toparon con los ojos curiosos de Erick y Hugo. Éste levantó la pipa en señal de saludo.

- Ay papitos, rólenla… - dijeron, casi al unísono

Los primos se miraron con complicidad

- Pásenle a la fiesta – dijo Erick, en tono sugerente
- ¿De veras? – respondió la rubia
- Simón, ahí voy a abrirles – respondió, levantándose rápidamente de la hamaca

Mientras su primo bajaba a abrir la puerta, Hugo fue rápidamente a checar su reserva de condones. Con desencanto vio que no tenía ninguno. Fue a revolver el cajón de los calcetines de Erick, donde siempre guardaba los preservativos, y sólo encontró una caja vacía

- Vale madre – murmuró

En ese momento, Erick entró, acompañado de las dos muchachas. Ya vistas de cerca y en la luz, sí estaban algo feas de la cara, pero al menos andaban bien arregladas y tenían buen cuerpo, especialmente si se las comparaba con las sexoservidoras gordas y esperpénticas que se apostaban en los alrededores de la vieja central de autobuses. Cuando los chicos se presentaron, ellas dieron sus “nombres artísticos”: la rubia se hacía llamar “Caricia” y la morena “Estrella”.

Sacaron dos caguamas del refrigerador y volvieron a poner música antes de salir al balcón. Hugo sacó dos sillas más y Erick volvió a echarse en la hamaca. Recargaron de hierba el hitter y comenzaron a rolarlo

- ¿Y ustedes estudian o qué? – preguntó la rubia oxigenada, con una voz nasal y chillona
- Yo, derecho y él, medicina – respondió Erick
- ¡Bien! Por los profesionistas del mañana – dijo, riendo, la morena, al tiempo que levantaba una caguama

Al poco tiempo, los cuatro se encontraban muertos de risa porque Hugo, intentando abrir una de las caguamas, se había empapado el pantalón.

Cuando pudieron parar de reír, “Estrella” se acercó a Hugo sugerentemente

- Mejor quítate ese pantalón, papi… no te vayas a resfriar…

Hugo, nervioso, volteó a ver a su primo, quien lo observaba, visiblemente emocionado. Obedeció y se quitó los pantalones, dejando mostrar una incipiente erección debajo del bóxer

- ¡Mira nada más! – exclamó la prostituta - ¿qué tenemos aquí?

Empezó a acariciar el pene erecto de Hugo, mirándolo coquetamente con sus pupilentes verdes.

- Pero qué pitote tienes – comentó, al tiempo que le bajaba el bóxer y comenzaba a darle el mejor sexo oral de su vida

Erick miró a “Caricia”, excitado. Ella le sonrió y se levantó de la silla. Se acercó a la hamaca y empezó a acariciar el rizado cabello del muchacho. Él estiró una mano para tocar uno de los enormes pechos de la alta rubia. Su amplia experiencia en chichis le indicó que debían ser operadas, pero eso le emocionó. Nunca había estado con una que se hubiera aumentado los senos. Ella acercó su rostro al de él y comenzó a besarlo apasionadamente, mientras él se deleitaba apretando sus pechos por debajo de la blusa y acariciando sus turgentes pezones.

Hugo, en el colmo de la excitación, observaba alternadamente a “Estrella” devorar ávidamente su miembro, y a Erick lamiendo las enormes tetas de “Caricia”. Lamentó que la morena fuera tan plana. Quizá en un rato podrían cambiar con su primo. Esa idea lo prendió aún más.

En el momento en que eyaculaba en la boca de “Estrella”, sintió que su corazón se detenía y sólo pudo dejar escapar un entrecortado “¡NO CHINGUES!” al ver un enorme pene erecto asomando debajo de la falda de la rubia despampanante a la que su primo seguía agasajando.

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